Cómo curar el llanto por una hipoteca

Cómo curar el llanto por una hipoteca

“Tengo miedo de volver a pagar la hipoteca pero no quiero perder mi vivienda, por la que he sufrido mucho”

José María, Miguel, Inmaculada y Agustín son algunos de los habituales del Punto de Información de Vivienda del 15 M en Dos Hermanas (Sevilla). Antes de la crisis, este grupo de vecinos afectados por el impago de sus hipotecas no conocía la palabra desahucio ni conceptos bancarios como la dación en pago. El desempleo los llevó a un estado de desesperación absoluta. Sin dinero y presionados por los bancos que tiraban del aval, ¿qué podían hacer? Tuvieron que manifestarse, plantarse en la calle para pedir derechos “imposibles” al director de su oficina, y así no quedarse sin nada. Después de dos años de luchas y reivindicaciones, se reúnen cada viernes en la sala multiusos de la biblioteca municipal. Hacen terapia, resuelven nuevos casos y luchan con cada asunto como si se tratara del suyo. “La última vez que lloré por culpa de mi hipoteca fue cuando crucé esta puerta”, destaca Yolanda, una de las más antiguas del grupo.

En la franja media de los 40 se encuentra esta mujer enérgica y de pelo cobrizo. “Estoy dispuesta hasta a ir a la tele si no me dan lo que pido”, señala entre risas con sus compañeros. Su pareja actual fue avalista hipotecario, sin saberlo, de su vivienda de 84.000 euros en la que se metió hace más de una década. “A mí me dijeron que era un aval solidario”, comenta. Si se hubiera firmado bajo esas condiciones, su novio no hubiera respondido con sus bienes, solo con sus ingresos, pero la letra pequeña le ha llevado a una situación dramática. “Estoy esperando la dación en pago de mi casa y aún no sé qué va a pasar con lo de él”, aclara. Al acabar su intervención, donde recuerda su testimonio a los nuevos casos, comienza la sesión formal, donde Miguel presenta a Sandra, una nueva afectada. Todos han sido avisados previamente por el grupo de whatsapp donde comunican los asuntos como si se tratara de su propio buzón de anuncios.

Sentada en la parte principal de la mesa redonda, a Sandra se le saltan las lágrimas. Es la primera vez que expone su caso ante un grupo de afectados en la misma situación que ella: “No tengo recursos, ni prestación para pagar mi hipoteca de 517 euros”. Al igual que Yolanda, quiere la dación en pago con opción a alquiler social para seguir viviendo en su casa, pero las lágrimas y el ahogo por la desesperación no le permite continuar narrando su historia. “Ya me están llamando y me han dicho que les dijera el día y la hora para pagar el próximo recibo. Les dije que no tenía dinero”. Su hipoteca de 100.000 euros y puesta a 30 años, está sujeta a un tipo de interés conocido como el IRPH. Yolanda le explica, en medio del mal trago, que su vivienda está en la misma situación y que cuando baja el Euribor, ese impuesto le sube. Sandra asiente y recuerda cómo ha llegado a pagar hasta 700 euros por su humilde vivienda al mes. Todos aportan la experiencia de los malos momentos y le piden para la próxima sesión escrituras y certificado de deuda para ver el caso.

Miguel, como portavoz de la reunión, incluye en una base de datos las nuevas historias y cuenta con detalles las acciones que llevan a cabo. “Nosotros acompañamos a los nuevos a hablar con el director del banco. Nos colocamos en la puerta para crear presión y vergüenza, que es lo que no tienen”. Él es otro de los veteranos. Nunca olvidará cómo se acercó al PIVE dos días antes de que su VPO fuera subastada en el juzgado. “Nos plantamos todos los de la mesa con camisetas y logramos pararla”, destaca con orgullo. Tras una intensa lucha y un impago que asciende a 7.000 euros, Miguel está a la espera de refinanciar la deuda con el banco. “Tengo miedo de volver a pagar la hipoteca pero no quiero perder mi vivienda, por la que he sufrido mucho”. Cuando cuenta su historia, hace menos de una semana ha encontrado un empleo vendiendo seguros. Su novia,Valme, trabaja como teleoperadora. “Parece que las cosas van saliendo y podemos tirar palante”.

Agustín llega a la charla un poco más tarde. Todo el tiempo libre que le queda después de echar sus seis horas como albañil en el Ayuntamiento de Dos Hermanas, lo invierte en una manifestación tras otra en la puerta de cualquier vivienda al borde del desahucio. A sus 54 años, sabe lo que es comer algo de pan durante todo el día y tener como luz una lámpara de aceite. Actualmente vive de alquiler social en su propia vivienda tras lograr la dación en pago. Sabe que este tipo de contrato no le permite tener una vivienda de por vida pero lo prefiere antes de volver a pasar por el mismo infierno. “No quiero ni pensar en hablar de una nueva hipoteca. Lo he pasado realmente mal. No hay derecho a cómo me han tratado la oficina de Cajasur con la que hice el préstamo”.

A mitad de la tarde, comienzan a llegar nuevas solicitudes, como la de Sandra. Cada semana pueden llamar una media de 30 nuevos afectados, según Miguel. “Todos los escuchamos para empezar con un nuevo caso, aunque tienen primero que participar en alguna acción con nosotros y acudir a nuestras charlas durante tres semanas. Queremos que haya gente comprometida antes de implicarnos nosotros”, cuenta.

La imagen del grupo cobra fuerza en cada una de las sucursales a las que acuden: financieras, bancos, cajas de ahorro…“Cada vez que nos ven, ya nos hacen caso seguro. Los conocemos a todos”, destaca Miguel. Saben que son gente combativa y con ganas de luchar por lo suyo. No van a permitir quedarse con una deuda que no les correspondía, una hipoteca desbordada por los malos tiempos y que ha estado a punto de destrozar sus vidas.


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