Martes 28/04/2015 | Actualizado 9:31 h

Los desahucios también son de género

Olivia Carballar / Sevilla / 21 ago 2013 5
Mujeres de familias desahuciadas se asoman al balcón tras una ocupación. // LAURA LEÓNMujeres de familias desahuciadas se asoman al balcón tras una ocupación. // LAURA LEÓN

Coge el teléfono María José Vadillo. Es miembro de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Córdoba. Su piso salió a subasta hace un año. El juez tiene que responder ahora al recurso interpuesto por las irregularidades y las cláusulas abusivas que se han cometido, según denuncia, en su contrato. “Hace dos años, cuando llegué a la plataforma, no era persona”, asegura al otro lado del teléfono que hay que marcar para pedir ayuda. Ahora es ella la que responde y ofrece atención.

María José, como muchas otras afectadas, han salido de sus casas a protestar por lo que consideran una injusticia. Según confirman las asociaciones que trabajan día a día con familias que están al borde de perder sus casas, son las mujeres las que, en los procesos de desahucios, suelen dar la cara. Y son, además, debido a la discriminación sufrida en general por ser mujeres, las que llegan a situaciones más dramáticas. De las 18 expropiaciones iniciadas por la Junta en aplicación del decreto antidesahucios, ahora paralizadas por el recurso del Gobierno en el Constitucional, casi la mitad fueron solicitadas por mujeres, en su mayoría solas.

En Motril (Granada), una madre y tres hijos no reciben ningún tipo de ingresos. En Málaga, otra mujer con dos hijos menores cobra 288 euros al mes por un contrato de dos horas. También en Málaga y con dos hijos menores, otra mujer, en desempleo desde hace cuatro años, sólo cuenta con la ayuda familiar. Otra madre de Málaga con dos menores tampoco tiene ingresos de ningún tipo. El padre se fue de la casa y no pasa manutención a las hijas. Es el caso de Ana María Gómez: “Yo quise hacer frente al pago de mi casa. Lo intenté, lo intenté pero no pude”, afirma. En Huelva, una mujer que trabaja como limpiadora dos horas a la semana intenta sacar adelante a sus cuatro hijos, dos de ellos menores. Su marido cobra la prestación por desempleo. Los ingresos apenas llegan a los 800 euros. Otra mujer, con familia numerosa en Charches (Granada), tampoco puede asumir la letra. En Roquetas de Mar (Almería), otra mujer con hijos también recibe ingresos ínfimos. Y en Sevilla, una mujer viuda de 67 años con hija y nieta a su cargo viven de la pensión de viudedad.

“Olwen Hufton, mi directora de tesis, hablaba de economía de la supervivencia“, explica la catedrática Lina Gálvez, directora del Máster Universitario en Género e Igualdad de la Universidad Pablo de Olavide. “Las mujeres siempre han desarrollado ese tipo de economía. Primero, porque tienen menos activos y menos medios y, por tanto, son más propensas a tener privaciones y tener que paliarlas de cualquier manera. Segundo, porque siempre han sido las encargadas de garantizar el bienestar de los miembros de la familia. De hecho, históricamente, en momentos de escasez hay muchas evidencias de hombres abandonando el núcleo familiar, pero no las mujeres, que son el propio núcleo. Y tercero, porque es menos vergonzante para la mujer acudir a pedir ayuda o limosna porque de nuevo las dificultades que siempre han tenido para poder ganarse su vida autónomamente han dejado como una opción el demandar ayuda. Cosa que no ocurre con los hombres, a los que sí se les ha dado la posibilidad de ganar su sustento y el de su familia… Y si no lo hacen, socialmente es considerado como un fracaso, como un fracasado“, añade Gálvez.

María José Vadillo, que trabajaba como cuidadora en una residencia de discapacitados, tuvo que aprender a cocer el pan, tuvo que salir a la calle a pedir comida. “Las instituciones me daban harina, otra vecina me compraba la levadura… Mi mente se agudizó”, cuenta. Ella, no obstante, siempre ha contado con la ayuda de su marido y de su hijo.

“En muchos casos, el marido le deja el marrón a la mujer, la mujer es la que tiene que sacar el problema adelante”, explica José Cazorla, de la PAH de Almería. En Huelva, denuncia Susana Pérez, también miembro de la PAH, llegan muchas mujeres a las que sus exmaridos no les quieren pagar la pensión y, a veces, “se han opuesto incluso a la dación en pago simplemente para perjudicarlas, y se niegan a firmar el acuerdo“. La crisis económica y el recorte de derechos ha dejado a las mujeres en una peor posición con respecto a los hombres. “Las mujeres tienen en general menores salarios, menos activos para hacer frente a sus deudas. Y suelen ser ellas las que se encargan de sus hijos. Cuando tienen derecho al paro, la cuantía del mismo es menor y por menos tiempo porque su vinculación con el mercado de trabajo es más intermitente y precaria”, asegura la catedrática Lina Gálvez.

Según un estudio de UGT, del total de empleo femenino en 2012, el 24,5% correspondió a contratos a tiempo parcial, mientras que para los hombres sólo alcanzó el 6,6%. Por el contrario, el 93,4% del empleo masculino fue a tiempo completo, mientras que para las mujeres sólo representa el 75,5%. El informe también denuncia que durante los años de crisis se ha producido un descenso progresivo en el disfrute de permisos y licencias por maternidad, paternidad y excedencias por cuidado de hijos. Y, además, la mayoría de los permisos de maternidad y excedencias por cuidado de hijos siguen siendo ejercitados por mujeres. Sobre la protección social, de las 2.670.200 mujeres en el paro, a finales del año 2012, sólo un 21,74 % reunió las condiciones necesarias para percibir una prestación de desempleo contributivo, frente al 25,83% de los hombres, según el estudio.

Yolanda Vílchez, encargada de las asambleas de bienvenidas en Málaga -las que reciben a las personas que acuden a pedir ayuda por primera vez-, se ha encontrado también con muchos casos en los que la mujer llega desesperada a la plataforma como último recurso: “Mi ex no quiere saber nada, te dicen, y es ella y solo ella la que tiene que tirar del carro”.

¿Podemos hablar de desahucios de género? “Podemos hablar de que los desahucios como todo lo que afecta a las personas tienen una dimensión de género, por la sencilla razón de que personas que están en una situación desigual, y mujeres y hombres lo están, van a participar en los procesos y se van a ver impactados por estos de forma también muy desigual, a no ser que se desarrollen medidas específicas para paliar el recrudecimiento de esa desigualdad”, concluye la catedrática Gálvez.

Son mujeres de un nuevo siglo que arrastran la fortaleza de mujeres de siglos atrás. Como aquella Jane Darwell en su papel de madre invencible en la versión cinematográfica de John Ford de Las uvas de la ira, el retrato de los pobres tras el crack del 29 inmortalizado por Steinbeck, que tanto recuerda a momentos actuales. 

“Tú eres la que nos haces seguir adelante. Yo ya no sirvo y lo sé. Ahora ya sólo pienso en cómo era todo antes. Pienso en nuestra casa. Ya nunca volveré a verla”, le dice el padre a la madre.

“Bueno, una mujer puede cambiar mejor que un hombre. Un hombre vive como a sacudidas. Nace un niño o muere alguien y es una sacudida. Compra una granja o la pierde y es una sacudida. Para una mujer es una corriente, como la de un arroyo. Hay pequeños remolinos y cascadas, pero el río no cesa de correr. Una mujer lo ve así”, concluye la madre.