Miércoles 27/08/2014 | Actualizado 21:41 h

Las historias que Wert no cuenta

María Serrano / Fali Durán / Sevilla / Huelva / 26 jun 2013 1
Marián Hervás, en la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla. // LAURA LEÓNMarián Hervás, en la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla. // LAURA LEÓN

Familias con todos sus miembros en paro, como la de Emilio. Familias con enfermedades duras, como el cáncer que padece la madre de María José. Familias que dependen de otras familias, como la de Marián. Familias todas ellas que quieren que sus hijos terminen sus carreras, que tengan un futuro. Familias que no entienden a José Ignacio Wert. El ministro de Educación, acosado por la presión, incluso dentro de las filas de su partido, anunció ayer que revisará las condiciones para acceder a una beca. Tres jóvenes con las ayudas denegadas cuentan cómo hacen sus números para poder seguir estudiando. Historias que Wert no cuenta.

MARIÁN HERVÁS, INGENIERÍA ROBÓTICA

“NO QUIERO ABANDONAR MIS ESTUDIOS”

 

Marián es la benjamina de su casa y la segunda universitaria. “Gracias a la ayuda de mis cuatro hermanas puedo seguir adelante con mis estudios”, explica. A sus 20 años sueña con dar clases en la Escuela Superior de Ingenieros de Sevilla. Primero tiene que terminar la carrera de Ingeniería Robótica. Su calificación de matrícula de honor durante el bachillerato no le ha permitido mantener la beca. Y este año la matrícula asciende a los 1.500 euros. Su padre está jubilado y su madre es ama de casa. La economía familiar no supera el umbral de los 1.000 euros mensuales. La ayuda de sus hermanas resulta vital para la continuación de sus estudios. Marián vive en el municipio sevillano de La Rinconada y gasta 80 euros al mes en transporte público.

Los nuevos requisitos del decreto impulsado por Wert hicieron que Marián perdiera la beca del Ministerio. “Durante el verano cambiaron las exigencias. Yo tenía un 60% aprobado y el resto lo iba a obtener en septiembre pero ya no servía”, cuenta. Está gastando recursos que no tiene en clases particulares para poder seguir adelante. Y recuerda con tristeza que algunos de sus compañeros se encuentran en riesgo de expulsión por el impago. “Solo espero que encuentren un trabajo de verano que les permita pagar la matrícula en septiembre”, dice con angustia.

No quiero abandonar mis estudios”, repite una y otra vez. La biblioteca de la Isla de la Cartuja es parte de su casa. Estudia casi 10 horas diarias para obtener el 6,5 de media con el que, si el ministro finalmente no recula, podría acceder a la beca para el nuevo año. Un sueño que espera alcanzar con mucho esfuerzo.

MARÍA JOSÉ GAMERO, INGENIERÍA MECÁNICA

“ME QUEDÉ SIN BECA POR EL ERE DE MI PADRE”

 

María José recorre cada día 40 kilómetros desde su casa hasta la Universidad. Ida y vuelta. Desde Dos Hermanas (Sevilla) hasta la Escuela Politécnica Superior. Asegura con energía que está luchando por su vocación, aunque tenga que esforzarse el doble para acabar lo antes posible. El grado en Ingeniería Mecánica que estudia es de cuatro años y María José tiene una media excepcional de un 80% de asignaturas superadas. Diez horas diarias de inversión en el estudio para ahorrar tiempo en su periplo universitario. “El panorama de mi familia no se puede permitir estar muchos años estudiando”, afirma con rotundidad.

Ana, su madre, lleva tres años enferma de cáncer y antes trabajaba en el sector agrario. Su padre, Francisco, está actualmente en paro y sometido a un proceso de expediente de regulación de empleo dentro de su empresa. “Cerraron la fábrica de cartón en la que trabajaba y se la llevaron a otro sitio. Como mi padre tiene 62 años, decidieron despedirlo con un ERE”, cuenta. Las condiciones de Francisco en este proceso le permiten cobrar una paga de 400 euros mensuales hasta su jubilación. Esta condición es la que el Ministerio de Educación ha tomado como justificación para denegarle la ayuda a María José. “Este punto en el ERE constaba como que mi padre recibía esa cantidad mensual de forma seguida”. María José cifra en 14.000 euros la paga que recibirá el padre en total. “No han contado esa ayuda gradualmente. Es como si se la dieran toda junta”, afirma. El recurso no ha servido de nada.

La situación de su hermano tampoco mejora las circunstancias. A sus 30 años está en paro y es dependiente dentro de la economía familiar. “Me he olvidado de hacer gastos extras”, continúa María José. Las múltiples horas dentro de la biblioteca, no obstante, no hacen que se olvide del miedo. “No quiero verme ante una tercera matrícula de una asignatura. No sé ya si podré pagarla”. El importe de estos créditos asciende a 600 euros por asignatura anual. 

EMILIO VACA, RELACIONES LABORALES Y RECURSOS HUMANOS

“SALES DE LA UNIVERSIDAD PEOR QUE ENTRAS. SIN TRABAJO, SIN DINERO Y CON DEUDAS”

 

Emilio Vaca es uno de los 2.428 estudiantes de la Universidad de Huelva que han tenido que sobrevivir este curso sin beca. Su nota en selectividad -sin media con las notas de bachillerato, que le habrían dado el 5,5 requerido- le han dejado a 1,65 puntos de la ayuda estatal. Esa es una parte de la estadística. La otra: forma parte de una de las muchas familias españolas con todos los miembros en paro.

Este joven de Punta Umbría afronta los dos últimos exámenes con ilusión, aunque “muy cansado”. Vive prácticamente en la Universidad para intentar cumplir los requisitos necesarios para conseguir beca el próximo año: 90% de asignaturas aprobadas y un 6,5 de nota media si el ministro finalmente no rectifica. “De momento sólo me han quedado dos del primer semestre”, dice optimista. Necesita acabar pronto para encontrar trabajo. “Mi padre está en el paro y mi madre tampoco trabaja. Hasta el mes pasado, su padre cobraba 800 euros de desempleo. Ya se le ha acabado el paro. “Y con 53 años ¿quién le va a dar trabajo a mi padre?”.

Según los datos oficiales de la Onubense, el 41,5% de los 5.854 solicitantes de becas han tenido que recurrir a un plan B para financiar sus estudios por los recortes en educación. Unos han dejado la Universidad y otros, como Emilio, sobreviven como pueden. “Hay gente que está mucho peor que yo, al menos me han dado la beca de la Junta de Andalucía”, se consuela este joven, que espera ansioso la llegada de los 600 euros concedidos por la Administración autonómica. Su matrícula ascendió a 850 euros más 90 euros de gastos de gestión para empezar segundo de Relaciones Laborales y Recursos Humanos. “Lo bueno es que con esa ayuda de la Junta, que me han dicho que llegará en agosto, tengo casi pagada la matrícula del próximo año”. Son las cuentas de los estudiantes de “segunda” que fabrica la nueva normativa de becas estatales.

Gracias a su trabajo en Protección Civil de Punta Umbría en los últimos veranos, Emilio ha estudiado este curso. “Pago 137,5 euros de alquiler y mis padres me han podido dar 200 euros, el resto lo he ido sacando yo de lo que tenía guardado de trabajar en verano”. Claro que este verano tendrá que cambiar de empleo. “Para poder sacar las asignaturas y conseguir la beca no he hecho servicios durante el invierno y nos han quitado de en medio. Cuando termine tendré que buscar algún trabajo en el pueblo o en los alrededores”. Es su plan de emergencia por si el nuevo decreto le deja fuera del grupo de los becados universitarios. La otra medida ineludible será volver a casa de sus padres e ir cada día a Huelva a las clases.

“Después de Navidad se ha ido mucha gente para dejar pasar el año y meterse en un grado superior el curso que viene. A eso nos están obligando, a dejar la Universidad y a estudiar en casa un grado y que la Universidad se quede para los ricos, o los que puedan”, cuenta. “Muchos van a dejar de estudiar porque sales de la universidad peor que entras. Sin trabajo, sin dinero y con deudas. Y después tienes que hacer un máster u otra carrera porque no hay trabajo. Al final sólo estudiarán los que tengan dinero, el resto nos tendremos que conformar con un módulo y olvidarnos de lo que nos gusta”, concluye.